Me imagino así en 30 años... y no puedo aguantarlo

Una vuelta de vacaciones difícil

La vuelta al trabajo después de Navidad… suele hacerse bola. Yo este año lo he notado especialmente. Pero tuve una conversación que me hizo reflexionar profundamente y quiero compartirla contigo.


La vuelta no es dura por el trabajo en sí, sino por el contraste. Pasas de sobremesas largas, horarios más laxos, tiempo para proyectos personales y cierta sensación de libertad… a volver a ponerte el despertador y a leer correos mientras apagas incendios que surgieron en tu ausencia.

Hace unos días hablaba de esto con una persona de mi trabajo. De los cercanos. De los que considero un amigo. Una persona con la que puedo hablar abiertamente sin temor a que te dé la puñalada.

Quizá te parezca exagerado pero de esos hay muchos en las multinacionales.

Bien, me decía algo que, si eres honesto, seguro que alguna vez has pensado tú también: “Me imagino en 30 años trabajando aquí o en cualquier otro sitio… y no lo aguanto.”

No estaba ni enfadado. Tampoco frustrado de forma exagerada. Estaba cansado. Y bastante lúcido por las cosas que me contaba a continuación.

Decía que su escenario ideal sería estar de vacaciones y cobrar.
Justo lo que había pasado estas Navidades, y siempre que te pillas unos días libres, vaya.
Pero ahí vino la frase clave:

“Eso solo pasa cuando trabajas para alguien”.


Las vacaciones no son libertad, decía. Son en realidad la limosna por haberte dejado el lomo el resto del año.

Y ojo, no lo decía con victimismo. Estaba siendo totalmente realista.

Luego empezó a hablar de ideas que tenía en la cabeza:
Comprar un local comercial y alquilarlo.
Montar una lavandería de una franquicia (que no me acuerdo del nombre).


En fin, negocios relativamente pasivos para construir un puente hacia la libertad de decisión. De trabajar, de dejarlo, de vivir de vacaciones, de lo que quisiera.

Y ahí aterrizamos en la parte que sin ello, jamás podría estar planteándose estas cosas:
sin ahorro, no hay posibilidad, sin ingresos estables, menos.

Él cumplía ambas.

Así que llegamos a una conclusión que no es para todo el mundo, pero es honesta:
el trabajo es el mal menor para financiar tu puente hacia la libertad.

Estaba totalmente de acuerdo. Para mí y para mi compi de trabajo no es el destino final.
Es la herramienta.

El problema no es trabajar. El trabajo te curte y, hacer cosas que no te apetecen, más.
El problema es trabajar sin usar ese trabajo para construir nada más. Aunque sea para una “red salvavidas”.

Y lo mejor, es que el tiempo juega a tu favor si decides empezar, si no, se convierte en tu peor pesadilla.


Y me planteó la siguiente pregunta: “y puede que te guste lo que haces y eso es genial, pero, si solo dependes de un sueldo al mes, ¿no te parece arriesgado?”

Me dejó KO.

Y no, no todo el mundo tiene que montar una empresa ni comprar locales.
Pero todo el mundo puede hacerse esta pregunta:

¿Mi trabajo actual está financiando mi futuro… o solo mi presente?

Si no sabes la respuesta, igual este enero es buen momento para empezar a mirarlo.

Te dejo el vídeo de esta semana donde hablo de microhábitos de ahorro que puedes aplicar de forma instantánea desde ya (haz click en la imagen a continuación para verlo):

Nos leemos,
Álvaro